HOMILÍAS: SERVIDOR DE LA PALABRA.



"DOMINGO DE PENTECOSTÉS"
“Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto vino del cielo un ruido, semejante al de una fuerte ráfaga de viento que llenó toda la casa donde se encontraban” (Lc 2,1). Así nos introduce S. Lucas en la celebración de esta fiesta que también hoy nos ha reunido a nosotros, para recordar y revivir el nacimiento de la Iglesia.[2]
Iglesia que se pone en actitud de oración y acogida. En primer lugar con nuestro Pastor el Cardenal Julio Terrazas que se encuentra en Roma en diversas actividades relativas a su cargo, pero de manera espeial porque el día 26 tendrá un encuentro muy significativo con el santo Padre, el Papa Benedicto XVI. En ese encuentro estaremos todos nosotros, la Iglesia de Bolivia, pero de modo muy particular la Iglesia de Santa Cruz, le acompañamos dándole nuestro apoyo y nuestra oración, sintiéndonos en profunda comunión con él.
Iglesia que durante estos días del octavario de unidad por los cristianos, ha estado orando y celebrando los pasos que se están dando para que el mandamiento de Jesús, “que sean uno” se haga realidad, no sólo con palabras sino con actitudes. En nuestras Parroquias durante estos días hemos estado preparándonos con vigilias, celebraciones y encuentros, a imagen de la Iglesia primitiva, para invocar la presencia del Espíritu Santo en nuestro país, en nuestras comunidades y en cada uno de nuestros corazones.
Un nuevo Pentecostés
¡Necesitamos un nuevo Pentecostés!, nos lo decían nuestros obispos en Aparecida. Un nuevo despertar del letargo en que viven muchos cristianos. Urge alentar todas las vocaciones y ministerios que el Espíritu da a los discípulos de Jesucristo en la comunión viva de la Iglesia , para poder contagiar un testimonio atrayente a los hombres de hoy. “No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia”.
Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo, que es vida, amor, libertad, pero sobre todo es comunión del Padre y del Hijo, que se nos da para vivificar el mundo y para recrear en sí todas las cosas. Muchas veces se ha dicho que es el gran desconocido y que nos resulta dificil describirlo en la vida y definirlo para comunicarlo. Es por eso que recurrimos, al igual que el evangelista Lucas en la primera lectura, a los signos que podemos palpar: es viento impetuoso, es lenguas de fuego, es calor, es fuerza y aliento, pero sobre todo es la nueva presencia de Jesús, “el Espíritu de la Verdad , les guiará hasta la verdad completa y cuando él venga les enseñará todas las cosas”.
Nos muestra al Padre
El Espíritu nos enseña y nos guía al conocimiento del Padre y nos viene a decir que somos hijos de Dios. Nos lo asegura San Pablo “ustedes no han recibido un espíritu de esclavos, para volver a caer en el temor, sino el Espíritu de hijos adoptivos que nos hace llamar a Dios ¡Abbá, es decir, Padre mío!”. Y porque sabemos que somos hijos del Dios de la Vida , nos quita todos los miedos, cobardías, fanatismos, recelos y oscurantismos. Más aún nos alienta a superar la incapacidad para el diálogo, el odio y la intolerancia, entre unos y otros. Por eso podemos decir que para el cristiano hay un antes y un después de Pentecostés. Antes podíamos dejarnos llevar por la tentación de quedarnos en la sacristia, renunciar a dar testimonio de la fe, la cobardía y hasta el resentimiento.
Hoy sabemos que el Espíritu está con nosotros y nos anima a ser libres, a dejar atrás toda moral de esclavos y vivir la libertad de los hijos de Dios, “para ser libres nos liberó Cristo” y no para dejarnos oprimir de nuevo por la esclavitud. Él nos asegura que tenemos la “verdad”, la “libertad”, la “audacia” para contruir un mundo más humano, sin odios, ni racismos, en diálogo fraterno, sin muertes de ningún tipo, sin cárteles de la droga, con sueldos dignos, y nos asegurar que todos, absolutamente todos somos iguales, porque somos hijos de Dios.
Llamado a la unidad y la universalidad
Pentecostés es también la fiesta de la unidad, “que todos sean uno como Tu Padre en mí y yo en Ti, que sean uno en nosotros”. Es desde este imperativo que se siente la urgencia de la universalidad. En Jerusalen había de todos los lugares del mundo conocido de entoces, hoy cada vez más tomamos conciencia que hay que superar los guetos, los racismos, las clases sociales que dividen. Si algo bueno tiene la globalización es justamente el tomar conciencia que todos valemos no por lo que tenemos sino por lo que somos, y si todos somos hijos, todos somos hermanos.
En esta familia que se llama Iglesia de Jesús cabemos todos, los mestizos y los blancos, los quechuas y los guaranis, los mosetenes y los aymaras. Todos tenemos que hablar un mismo lenguaje, el lenguaje del amor y de la tolerancia, el lenguaje que nos lleva al diálogo y a la concertación, pero en justicia y sin componendas e imposiciones. No hay otro lenguaje que éste si queremos vivir en Bolivia con paz y en armonía.
Fiesta de la Iglesia
El Espíritu Santo, prometido por Jesús, convoca y congrega a la Iglesia , Pentecostés es el nacimiento de la Iglesia , él es quien consagra los comienzos de su misión. Desde entonces la Iglesia toma una dimensión universal en la predicación a todos los pueblos para abrirse al mundo de los diferentes, sabemos y lo experiemntamos que como consecuencia viene la persecución, el tratar de dividirla o querer relegarla al olvido.
Jesús vive en la Iglesia , la hace crecer por el Espíritu Santo y a través de ella cumple su misión. Desde ese momento, el Espíritu asistió ininterrumpidamente a la Iglesia y a su misión a lo largo de toda su historia. "El Espíritu Santo acompaña el camino de la Iglesia y la asocia al testimonio que él da de Cristo".
Una prueba tangible de la presencia del Espíritu para A. L. ha sido Apàrecida, definida justamente como un verdadero y nuevo Pentecostés, una nueva efusión del Espíritu que renueva profundamente a la Iglesia si hacemos nuestros sus postulados. La Iglesia en Aparecida movida por los grandes desafíos del mundo moderno, a la luz del Evangelio y guiada por el Espíritu Santo, se cuestionó sobre su identidad y vocación y sobre su misión.
El Espiritu alma de la Mision
La Iglesia el nuevo Pueblo de Dios nace en Pentecostés, y nace misionera. Pentecostés es la fuente original de la misión de la Iglesia. Toda iniciativa misionera sería estéril si no estuviera animada por dentro con la fuerza del Espíritu, porque es El quien "hace rejuvenecer a la Iglesia , la renueva constantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo". Hay entonces un llamado de nuestro Padre Dios a fortalecer la "Vida en el Espíritu" de los misioneros y de nuestras comunidades, explicitando, profundizando y ampliando los medios de crecimiento espiritual que en ellas ya están presentes e incorporando otros nuevos.
“ La Iglesia , nos lo decía claramente el Papa Pablo VI, existe para evangelizar, evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia , su identidad más profunda”
Recordamos el lanzamiento de la Misión
Hace un año, en este día de Pentecostes y desde esta Catedral nuestro Pastor el Cardenal Julio Terrazas nos lanzaba a la Misión Permanente para ser discípulos y misioneros, nos invitaba a vivir con profundidad el llamado de los Obispos de AL: “Al terminar la Conferencia de Aparecida, en el vigor del Espíritu Santo, convocamos a todos nuestros hermanos y hermanas, para que, unidos, con entusias mo realicemos la Gran Misión Continental... Misión que debe llegar a todos, ser permanente y profunda”.
Hoy, nosotros queremos volver a recordar este llamado que nos hacía el Pastor y a la vez renovar y reavivar el entusiasmo y dinamismo que debe tener todo discípulo misionero. “¡Que nadie se quede de brazos cruzados! Ser misionero es ser anunciador de Jesucristo con creatividad y audacia en todos los lugares donde el Evangelio no ha sido suficientemente anunciado o acogido, en especial, en los ambientes difíciles y olvidados y más allá de nuestras fronteras.
Queridos hermanos y hermanas, al celebra hoy la fiesta de Pentecostés estamos seguros que el Espíritu Santo es quien nos puede ayudar a dar pasos de conversión en el seguimiento de Jesús, para ser verdaderos discípulos misioneros en ésta nuestra Iglesia de Santa Cruz y llevar adelante con nuevo ardor y con nueva convicción la Misión Permanete aquí y ahora. Amen.




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